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El productor Guillermo Irastorza siembra cereales en el sudoeste bonaerense desde hace más de 50 años y siente que esta es la primera cosecha que no disfrutó. Es que se dio cuenta que con este nivel de retenciones al trigo, uno de los pocos cultivos que se puede hacer con éxito en dicha zona; si siembra todos los años pierde plata, como les está pasando a muchos productores de regiones “marginales” en donde no se alcanzan rindes excepcionales.

Él siembra en campo propio y arrendado en Coronel Dorrego, cerca de Bahía Blanca, y donde si bien está cerca de una localidad productiva como Tres Arroyos, la lluvia y fertilidad son distintas y eso se marca en el rinde del cereal. “Ahí los rindes tocan los 6 mil kilos por hectárea y pueden aun ganar algo con este nivel de retenciones. De Bahía Blanca a Mar del Plata las precipitaciones mejoran a raíz de 1 milímetro por kilómetro. Tandil lo mismo, más del doble en rinde”, señaló. En su zona difícilmente llegue a los 3 mil kilos sembrando todos los años.

Irastorza es miembro Aapresid e integra Carbap, siendo consejero por la Sociedad Rural de Coronel Dorrego, de donde fue presidente en algún momento. De acuerdo a su experiencia propone algo que tal vez ningún productor se puso a pensar: pasar un año sin sembrar.

Él probó esto en el año 2002, indignado por el nivel de retenciones propiciado por el presidente Eduardo Duhalde, y allí notó que dejando descansar sus lotes un año, en la siembra siguiente conseguía rindes superiores. “Como mínimo obtuve un 25% más, con lotes que alcanzaron 50, 70 y otros hasta 100%”, destacó a Bichos de Campo.

Si bien no sabe explicar agronómicamente por qué se dan estos saltos de rinde, ni tampoco lo atribuye a un efecto de acumulación de agua, que en su zona son 600 milímetros anuales concentrados en el invierno, considera que en estas zonas marginales produciendo todos los años se ve forzado el sistema y eso va deprimiendo los rindes, aun con adecuado manejo de la fertilización.

Irastorza se planteó una situación considerando cuatro campañas seguidas. Sembrando todos los años, acumula un resultado negativo que asciende a 4860 pesos por hectárea; y si lo hace año por medio (y aplicando una mejora de rinde de 35%, que puede llegar a ser mucho más y no menos del 25%) el resultado acumulado le da positivo en 2.072 pesos por hectárea.

Su planteó es básico y las variables pueden cambiar por zona. Toma un precio del trigo de 9.690 pesos por tonelada, con un rinde que varía sembrando todos los años de 2,3 toneladas por hectárea a 3,1 cuando descansa un año. Los costos directos (insecticidas, herbicidas, semilla, fungicida, fertilizante, entre otros) aplicados para el año que siembra y estimados en 13.680 pesos por hectárea. A los costos de estructura los estima en un poco menos para el caso que siembra alternadamente, en 2.880 pesos/ha versus 3.480 pesos todos los años, por un mayor uso del combustible, personal, camioneta, entre otros. El costo de cosecha -única labor que terceriza- la calcula igual para todas las situación: 2.400 pesos/ha y el flete algo más para el modelo alternado ya que saca más granos: 1.397 pesos/ha contra 1.035 pesos en el modelo anual. Con estas variables saca las conclusiones de resultados acumulados mencionadas en el párrafo anterior.

“Pero lo más importante de todo esto y el mensaje que quiero dejar es el daño que hacen las retenciones a cualquier sector productivo, la dicotomía entre lo que vendés y lo que comprás; comprás a un dólar y vendés al peso que quiere el gobierno de turno. El 15% de retenciones al trigo se convierte en un dólar de 53 pesos y el dólar de importaciones, dicen, será de 63 pesos, pero con cepo ya lo vemos en 73 pesos. Y lo más grave es que terminará repercutiendo en el área sembrada, menos divisas que le ingresarán al país, es lo irónico y triste”, remarcó Irastroza.

“Si no se hace algo distinto, 6,5 millones de hectáreas de trigo de la campaña 2019/20 se convertirán este año en 5 millones, y siendo optimista, porque para mí se sembrarán solo 4 millones. La gente se funde sembrando aquí”, agregó.

Irastorza incorporará además maíz en ciertos lotes de su campo, que en bajas densidades le da resultado, pero siempre dejando descansar un año, “con 11 meses de barbecho”, explicó.

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