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¿Podemos medir la cantidad de felicidad que llegamos a sentir en un instante, o bien a lo largo de toda una vida? ¿Cuáles son los indicadores de la felicidad? Hace unos años, concretamente en el 2012, se publicó el primer informe mundial sobre la felicidad por parte de las Naciones Unidas.

Cada vez más, la felicidad se considera una medida que cuantifica el progreso social y que los gobiernos utilizan, mediante datos e investigaciones sobre ella, para arrojar políticas que puedan permitir a la gente vivir una vida mejor. Pero ¿Es esto posible?

Los últimos hallazgos descubiertos en una interesante línea de investigación neurocientífica por parte de Richard Davidson, experto en neurociencia afectiva, mostraron los factores psicológicos directos responsables de nuestro mayor bienestar y, por tanto, de la felicidad. Estos son: la resiliencia, el “saborear” o mantener las emociones positivas, la atención refinada y la rumiación mental, la generosidad, la empatía, el altruismo y el cuidado de los demás.

Pero, ¿estas habilidades se pueden cultivar o solo han sido destinadas para el disfrute de unos cuantos afortunados? Pues bien, el título y la conclusión del estudio no pudo ser más esclarecedor: “El bienestar es una habilidad”. Así, pues, cuanto más se practican estos factores, que inciden directamente en nuestro bienestar, más felices somos.

Así de simple…pero complicado a la vez. El último informe sobre el estado de felicidad global ha sido reflejado en el ‘World Hapiness Report 2018’, ha clasificado a Finlandia como el país más feliz del mundo, seguido de tres países que han ocupado el puesto y que siempre se sitúan entre las primeras posiciones del ranking como Dinamarca, Suiza y Noruega.

Todos ellos con valores altísimos de lo que se consideran las seis variables sociales claves para el bienestar social: los ingresos, una esperanza de vida saludable, apoyo social, libertad, confianza y generosidad. (Fuente: La Vanguardia)

 

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