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Cada aniversario parece igual, pero no lo es: las familias Gill y Gallegos sufren día a día, en Paraná y en Nogoyá, la ausencia de la pareja y sus cuatro hijos que fueron vistos por última vez el 13 de enero de 2002. Una investigación lenta y deficiente, que en el inicio estuvo dirigida por el juez de Nogoyá, Jorge Sebastián Gallino (actualmente vocal del Tribunal Oral Federal de Concepción del Uruguay), condujo el caso a ser uno de los mayores misterios del país, y la consiguiente impunidad.

Rubén Gill, su esposa Norma Margarita Gallegos, y sus chicos María Ofelia de 12, Osvaldo José de 9, Sofía Margarita de 6 y Carlos Daniel de 2, son los nombres de un caso que la sociedad entrerriana nunca olvida.

Este es tal vez el primer aniversario que encuentra a la causa movilizada por la búsqueda en el campo donde vivían y trabajaban las víctimas, en Crucecitas Séptima, a partir del testimonio de un hombre que perdió el miedo en declarar tras la muerte del patrón de los desaparecidos, Alfonso Goette. El mismo señaló dos lugares que Mencho Gill le había dicho que su jefe le ordenó hacer pozos, tras una pelea que mantuvieron, poco antes de la ausencia definitiva. En febrero del año pasado se hizo una primera etapa de búsqueda y excavaciones, sin resultados, y ahora, para la segunda etapa, se está trabajando con la colaboración de los mejores para este tipo de tareas: el Equipo Argentino de Antropología Forense (EAAF).

Con la hipótesis de que los Gill Gallegos fueron asesinados y enterrados en el campo de la estancia La Candelaria, se apuntará a buscar en un arroyo seco. Para ello, los expertos están analizando, en primer lugar, fotos del área, imágenes aéreas que se tomaron con un drone, y también satelitales. Estas ultimas se irán comparando con otras del mismo sitio según las coordenadas, a partir del registro histórico desde el año 2002. Próximamente podría comenzar el trabajo de campo en el lugar por parte del EAAF. (Fuente: UNO Entre Ríos)

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