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Es algo habitual que cuando uno lleva un cierto tiempo en pareja gane algo de peso. Eso ya dejó de ser una suposición o una creencia popular para ser confirmada por la ciencia.

Un estudio realizado en la Universidad Central de Queenslan, Australia, analizó a lo largo de diez años (entre 2005 y 2014) la vida de 15 mil estudiantes. Todos los participantes respondieron a cuestiones relacionadas con sus elecciones diarias, estilo de vida y actividades que llevaban a cabo.

Casi tres cuartas partes de los cuales estaban en pareja, para determinar si el estado de relación de una persona puede afectar su capacidad de llevar un estilo de vida saludable. La conclusión a la que llegó la autora de la investigación, Stephanie Schoeppe, fue contundente: las parejas que tienen relaciones felices pesan una media de 5,8 kilos más que los solteros.

Las parejas consumieron una mayor cantidad de frutas y verduras y evitaron fumar, beber demasiado alcohol y comer comida rápida. Sin embargo, curiosamente, sus índices de masa corporal eran más altos que los solteros. Asimismo, aunque los que tenían una relación fueran tan sedentarios como las personas solteras, pesaban más. ¿La razón?

Según Schoeppe esto sucede porque que cuando se tiene pareja no se siente la necesidad de impresionar a nadie, con lo cual la preocupación por el aspecto físico queda en un segundo plano. Otro factor podría ser el tener hijos, dado que los papás pueden sentirse tentados a comer las sobras de sus pequeños, lo que lleva a engordar.

El análisis del doctor Jeric Berge, de la Universidad de Minnesota de los Estados Unidos relaciona este aumento de peso con los hábitos que se adquieren en una relación. Es decir, que la explicación radica en las cenas románticas, el hacer más actividades en casa, así como las comidas y cenas familiares protocolarias con la familia del otro y la propia. Eso haría que existan muchas más oportunidades para los excesos entorno a la alimentación y el sedentarismo.

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