Opinión: en nuestro país se estafa a los jubilados

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– Por Roberto Domingo (*)

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Pensamos así no sólo por ser opositores a las políticas de corte populista implementadas por esta administración, sino porque del análisis de los números que expondremos seguidamente la conclusión puede ser una sola: en nuestro país se estafa los jubilados.

No hay aumento en las jubilaciones, sino ajuste por inflación

En 2014, por aplicación de la Ley nº 26.417 (ley de “Movilidad Jubilatoria”, sancionada en octubre de 2008), el aumento total otorgado fue de un 28,62%. Esta cifra surge de la sumatoria de los incrementos de Marzo, de 11,31%, y de Setiembre, de 17,31%. Durante el mismo periodo, la inflación real rozó el 39%.

Esto significa, ni más ni menos, que en 2014 nuestros pasivos perdieron poder adquisitivo por un 10,38%, por la diferencia entre el incremento del monto de los haberes jubilatorios y la inflación. Esto sin considerar que los  aumentos otorgados por ANSES siempre son posteriores a los aumentos de precios de la economía.

Queremos mencionar que, según el anuncio, el haber mínimo jubilatorio se va a incrementar a partir de Marzo de 2015 en un 18,26%. Su monto en pesos será entonces de $ 3.821,73.

Quienes cobran la jubilación mínima son pobres

Existen muchas formas de medir la pobreza, las cuales varían según el economista que la analice. Pero nadie discutirá que el concepto de cubrir las necesidades básicas de una persona hace referencia a darle los medios, la capacidad de obtener los artículos y servicios indispensables para su vida. Para definir cuáles son las necesidades básicas deben tenerse en cuenta muchas características y condiciones particulares de cada sociedad. En este sentido, Argentina no se parece a otros países latinoamericanos, ya que, por tener una clase media más consolidada y una larga tradición en materia de conquistas de derechos sociales, las expectativas de nivel de vida y las exigencias de los ciudadanos son más elevadas.

En lo que se coincide, no importa el pelaje del experto que lo estudie, es que el ingreso de cada habitante es un indicador muy claro para entender la situación en la que nos encontramos. Y desde esta perspectiva, el diagnóstico no es muy alentador:

El mentiroso INDEC afirma que el 24,8% de nuestros jubilados vive en hogares en los cuales sólo se perciben ingresos previsionales. Es decir, que 1,86 millones de pasivos viven en hogares donde el único ingreso es su jubilación. El 53% de los pasivos totales, 3,97 millones, cobran el haber mínimo: hoy en día de $ 3.231. Traducido a una moneda que conserva su poder adquisitivo, significa que casi 4 millones de jubilados viven con 7,86 dólares por día. Y esto, mal que le pese a muchos y principalmente al oficialismo en Argentina, es SER POBRE.

Rigurosos estudios indican que los 150 pesos – dólares (5 dólares diarios) que percibieron hasta 2002 los miembros de la clase pasiva que cobraban el haber mínimo, tienen un poder adquisitivo similar a los $ 3.231 de la jubilación mínima de hoy. Esto se explica porque, a pesar de los grandes incrementos nominales, 2.054% en el período 2003-2014, la altísima inflación, una de las más importantes del mundo, incrementó los precios internos en una medida equivalente. Muchos oficialistas niegan este hecho poniendo como ejemplos precios aislados de algunos artículos, como el incremento del arroz entre 2003 y 2014, aumento del pan en el mismo periodo, el de la carne, etc. Sin embargo, cuando analizamos el poder de compra del haber mínimo con el incremento general de precios, llegamos a la conclusión de que las afirmaciones de estos estudios son correctas. Para nosotros, los desarrollistas, lo importante de ese análisis es que tanto en 2002 como en 2015 el monto del haber mínimo resultaba y sigue resultando insuficiente, y que, antes como ahora, un jubilado  que percibe la jubilación mínima en Argentina, repetimos, es pobre.

Mayor cobertura, menores haberes

La inclusión de personas en edad pasiva, moratoria mediante, fue una solución a muchos años de desorden y crisis, es cierto. Pero nuestra crítica apunta hacia la forma en que se realizó este proceso de inclusión. El resultado, en efecto, es que los jubilados y aportantes legítimos fueron los que realmente sostuvieron económica y financieramente este sistema, NO EL GOBIERNO. Esta afirmación, nuevamente, la vamos a respaldar.

Durante la administración Kirchner, el número de jubilados que perciben la mínima creció exponencialmente, aumentando la proporción que representan sobre el total de los integrantes del sector pasivo. Este efecto se explica por el rezago de las jubilatorias que eran mayores a la mínima, las cuales se actualizaron sistemáticamente a una tasa inferior a la inflación, y llevó a que terminaran equiparándose con el haber mínimo. Esta política se impulsó deliberadamente para financiar la incorporación de más de 3,5 millones de personas que no poseía aportes al sistema previsional: se permitió y se permite, ya que se encuentra vigente una nueva moratoria, ingresar al sistema sin contar con los requisitos de 30 años de aporte exigidos por la ley. Pero como en economía todo hay que pagarlo, nada es gratis, los verdaderos “benefactores” de tal liberalidad fueron, como decimos, los aportantes legítimos del sistema: los jubilados actuales y, por supuesto, los jubilados futuros.

Una prueba más que apuntala nuestros argumentos, es la forma de cálculo de los aumentos de ley de “Movilidad Jubilatoria”. Tengamos en cuenta los parámetros que se consideran para realizar los cálculos de las actualizaciones de  Marzo y Setiembre, cada año: el salario de la clase activa, los recursos previsionales y tributarios, la evolución de los recursos previsionales, específicamente, y, finalmente, la CANTIDAD DE BENEFICIARIOS. Esta última variable deja en claro cuál es el efecto de incrementar la cobertura sin aumentar la cantidad de aportantes: A MAYOR NUMERO DE BENEFICIARIOS, MENOR AUMENTO, o, lo que es lo mismo, por cada incorporado al sistema sin aportes, menor es el aumento para todos.

¿Para qué se confiscaron los fondos de las AFJP?

Unas palabras sobre el discurso de barricada referido la confiscación de los fondos a las AFJP en 2008, previo a aclarar que nunca estuvimos de acuerdo con el sistema privado de jubilación o de “capitalización” Cavallista (ley nº 24.241). “Sé que va a haber muchas presiones porque no son pocos los intereses que tocamos”,decía nuestra presidente cuando confiscaba los fondos de las AFJP. Sin embargo, las presiones y los juicios contra el Estado Nacional nunca aparecieron, ¿cómo se explica?.

La razón es algo sencilla: las comisiones se percibían, por ley, al principio, es decir cuando el trabajador aportante se afiliaba a determinada AFJP. Es decir, no se realizaba el cobro a través de los meses o durante el período de aporte, SINO AL PRINCIPIO. Esto derivó en el frenesí inicial, quien vivió aquellos años puede corroborarlo, y terminó enfriándose después, porque las comisiones sustanciosas se percibían al comienzo de la relación afiliado-AFJP y, luego, el manejo de los fondos se hacía tedioso, ya que la propia ley indicaba la cartera de inversiones en las que debían colocarse los fondos y los rendimientos no eran significativos e incluso, a veces, hasta negativos.

Los bancos, los dueños de las AFJP, fueron echados de un negocio donde ya habían cobrado sus comisiones al comienzo y el Estado Nacional les sacó la tarea de hacerse cargo de los fondos que no les pertenecían, GRATUITAMENTE. Es esta la razón por la cual nunca hubo una catarata de juicios por resarcimientos de parte del sector financiero, y, además, ANSES absorbió sus plantas de personal. Resultado: negocio redondo. Mientras, el Estado se quedó con 98.000 millones de pesos que los gastó en un abrir y cerrar de ojos, crisis global del 2008 y fin del “viento de cola” mediante. El ideólogo de todo esto fue el ex UCEDE Amado Boudou, lo cual lo catapultó a la Vicepresidencia de la Nación.

¿Qué debe hacerse?

Una política de desarrollo implica sincerar los haberes jubilatorios. Esto no significa tomar ciertas medidas aisladas para el sector, sino que debe sincerarse toda la economía: precios, tarifas, tipo de cambio, sueldos y por supuesto dentro de estos, las jubilaciones. Una vez fijado el haber mínimo a valores acordes con las necesidades del pasivo, modificarse la forma de cálculo de los aumentos y atarlos al índice inflacionario real.

El método de cálculo utilizado actualmente fue inventado por el Ministro Cavallo, algo que parece olvidar nuestra Presidente, e incorpora la evolución de la recaudación impositiva y previsional en la fórmula para determinar cuánto deberán aumentarse los haberes. Esto equivale a decir: dependiendo de cuánto dinero tengo, veo cuanto les aumento. En realidad, el aumento debería estar relacionado con lo que la persona percibía cuando trabajaba y no con la situación financiera del gobierno.

El sinceramiento dará paso a la inversión y esta desplegará un espectro de posibilidades inmensurable. El sinceramiento de los salarios implica inmediatamente una mayor recaudación, porque se producen aportes sobre sueldos acordes con una economía actualizada y sincerada. Quienes indican que esto produciría inflación desconocen las verdaderas causas del fenómeno: la inflación es causa del subdesarrollo, no del aumento de sueldos o de jubilaciones.

Finalmente, queremos denunciar que en una economía que aplica políticas populistas el desenlace puede ser uno solo: todos los sectores activos y pasivos deberán soportar la crisis final, y los de menores recursos, como siempre, deberán cargar con el mayor peso. Todo esto porque ninguno de los problemas de fondo de nuestro país ha sido resuelto. El sector pasivo, a pesar de  cientos de aplaudidores pagos en la tribuna, tampoco.

(*) Contador Público Nacional

Director del Centro de Estudios Nacionales (CEN) – Filial Entre Ríos

Movimiento de Integración y Desarrollo (MID)

Paraná, Entre Ríos

Fuentes:

  • La Nación 31/07/2014
  • Infobae 31/07/2014
  • INDEC
  • Télam 4/02/2014

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