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Se esperaban semanas de entusiasmo, euforia y alegría para la familia Araujo Oliva, del barrio Los Perales en Manuel Alberti, Pilar. El sábado 30 de junio fue el cumpleaños de 15 de la hija mayor, Milagros, y sus padres Jorge Luis y Elena habían hecho el esfuerzo suficiente para regalarle una fiesta de 15 en un salón de invitados en el mes de agosto.

Pero el sueño desapareció en apenas unos minutos durante la noche del último sábado. Un feroz incendio se desató en la habitación matrimonial de la humilde vivienda que la familia tenía en la esquina de las calles Los Ombúes y Juan Domingo Perón. A raíz de ese infierno, la propia Milagros perdió la vida, al igual que su hermana menor Priscila y tres amiguitos del barrio que estaban pasando la noche en su casa. Sólo sobrevivieron otras dos hermanitas de la familia Araujo, Iara y Mía.

La localidad de Manuel Alberti todavía no pudo salir de su sensación de estupor. Casi todos conocían al menos a una de las víctimas del incendio y pese al esfuerzo de todos los vecinos de la cuadra, fue imposible poder rescatar a los niños.
Las cinco víctimas mortales tenían entre 4 y 15 años y el accidente dejó a dos familias destrozadas, sin encontrar motivos suficientes como para seguir con la cabeza en alto.
«Todavía no terminamos de caer en lo que nos pasó. Se nos destruyó la vida. Ya nada va a ser lo mismo. Tendremos que ser fuertes por las dos chiquitas que sobrevivieron, pero no sé de dónde sacaremos las fuerzas, se nos vino todo abajo», le reveló Teresa, abuela las dos víctimas mortales de la familia Araujo, un diálogo telefónico con Infobae.

La familia Araujo se destacaba por la cercanía con el resto de los vecinos de la cuadra y respondía a los parámetros clásicos de una familia trabajadora.
Milagros, de 15 años, e Iara, de 13, acudían a la escuela Nº 19 de Tortuguitas, mientras que las más pequeñas, Mía, de 9 y Priscila de 5, iban a la escuela Nº 40. Durante el día, su madre Elena trabajaba en un terreno ubicado enfrente de su domicilio, participaba en un comedor social y servía como referente para los más necesitados de la zona. Por su parte, Jorge Araujo trabajaba de noche como encargado de seguridad de una empresa privada.

La emoción por el primer cumpleaños de 15 de una de sus hijas había acaparado toda le emoción y la esperanza de sus padres.
«Jorge no paraba de hablarme del cumple de 15 de Milagros. Me decía que soñaba todos los días con el momento en el que los dos iban a entrar al salón tomados del brazo. Me preguntaba a cada rato qué traje se debía poner y dónde podía conseguir el traje que le gustaba», relató Teresa a Infobae.

Gracias a un tremendo esfuerzo económico, Jorge y Elena lograron comprar un vestido para su hija mayor y alquilaron un modesto salón para decenas de invitados.
«Yo todavía tengo el vestido de Milagros acá en mi casa. Lo venía a ver todos los días, se quedaba un rato mirándolo», se lamentó su abuela.

El último sábado por la noche, el cuidado de las cuatro niñas quedó bajo la responsabilidad de la hija mayor, Milagros, a causa de una situación de fuerza mayor: «Justo el sábado mi hijo estuvo de franco. Pero poco antes de cenar, a mi nuera la llamó su hermana, diciendo que su mamá se había descompensado y que la iban a llevar al hospital. La mujer tuvo un accidente de moto el mes pasado y todavía no se había recuperado del todo», relató Teresa.
«Entonces, tuvieron que irse al hospital para ver cómo estaba la mamá de mi nuera», completó.

En un primer momento, diversos medios indicaron que los padres se habían ido a un boliche y habían dejado a sus hijas y amigos solos. Esa hipótesis fue refutada con vehemencia por la familia y los amigos más cercanos.
Junto a las cuatro hermanas se encontraban tres hermanitos que vivían en una casa lindera de la cuadra. María Belén Suárez, de 14 años, Raúl Roberto Suárez, de 8, y Silvina Suárez, de 4, habían decidido quedarse hasta tarde en la casa de los Araujo para jugar con sus amigas.

Nadie sabe con precisión cuándo se desató el incendio en la modesta casa de la esquina de la cuadra. El fuego se produjo en el cuarto matrimonial del hogar, donde estaban Milagros, Priscila y los tres hermanos Suárez. En tanto, Mía e Iara descansaban en una habitación delantera.

Los detalles del inicio del incendio todavía resultan un misterio. Iara, con sus 13 años, olió el humo y salió disparada hacia el cuarto matrimonial para tratar de rescatar a los que estaban atrapados. De manera simultánea, unos adolescentes que pasaban en ese momento por la calle y vieron la columna de humo se lanzaron hacia la casa para tratar de apagar el fuego.
«Mi nieta abrió la puerta que unía los cuartos para tratar de salvar a sus hermanas, pero el humo negro no la dejó respirar ni ver nada de lo que ocurría adentro. Trató de treparse, pero se lastimó un pie. Y ahí se ve que decidió agarrar a su otra hermana y salir a la calle. Se dio por vencida», explicó Teresa.

Las escenas siguientes fueron estremecedoras. Mientras los vecinos lanzaban aguas con baldes a la espera de la llegada de un camión de bomberos desde los techos linderos, los testigos afirmaron que en ese momento todavía se escuchaban los gritos de los cinco niños pidiendo ayuda desde el interior.
«Los vecinos hicieron de todo. También llegaron otros familiares. Nos movimos con todo el barrio. La gente traía baldes de agua desde donde podía, pero no podíamos apagar el fuego», aseguró Teresa.

Justo en el momento de mayor desesperación, se padeció un conflicto con los responsables de atender el problema. «Fuimos a un cuartel de bomberos, que está apenas a siete cuadras de la casa. Le rogamos y le pedimos de todas maneras que vengan a apagar el fuego. Nos respondieron que no podían porque la casa pertenecía a Pilar y ellos sólo trabajaban en la zona de Malvinas Argentinas. Al final, el camión de bomberos que vino tardó una hora y encima no tenía fuerza suficiente en la bomba de agua. Estoy segura de que si se actuaba rápido algunas de las vidas se habría podido salvar», dijo Teresa.
Una vez que se confirmó la muerte de los cinco niños, el abismo se apoderó de las dos familias. «Mi nieta Iara no paraba de gritar que no había podido salvar a sus hermanas. Decía que se quería morir, que no había podido hacer nada. Estaba desesperada, destruida», dijo Teresa.

Hasta el momento, no se pudo determinar el origen del incendio, pero de acuerdo a las primeras impresiones de la familia y de los amigos cercanos, el fuego pudo haberse producido por un problema en la estufa de la habitación matrimonial.
Por su parte, las dos niñas que sobrevivieron a la tragedia pasaron casi todo el domingo internadas y fueron dadas de alta poco antes de la medianoche.
Hoy, tanto Iara como Mía, así como sus padres se encuentran recluidos en la casa de sus abuelos maternos.

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