Impunidad, a 10 años de la desaparición de Fernanda

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Este viernes se cumple una década de ausencia de Fernanda Aguirre, la nena que fue secuestrada el 25 de julio de 2004 en San Benito. Los vecinos se niegan a olvidar, mientras esperan que se sepa la verdad.aguirre_fernanda_x1x.jpg_2069580699

En la ventana del frente de una vivienda de calle Yrigoyen de San Benito hay un afiche que pide información sobre el paradero de Fernanda Aguirre. “Justo hoy el padre me trajo más carteles -dijo la señora que vive en la casa-. Yo desde que se perdió, nunca saqué el cartel de ahí, voy cambiándolo por el sol y la lluvia”. Hoy esa ventana cumple 10 años con la foto de la chica desaparecida. Y al parecer, la seguirá teniendo, mientras la Justicia no averigüe qué pasó. Esa familia se niega a que la luz entre por esa ventana e ilumine el living de la casa. Al igual que muchos vecinos de la localidad lindante a Paraná, se niegan a olvidar que hace una década una niña desapareció y el Estado no llegó a la verdad, publicó UNO.

Aunque en el pueblo se habla muy poco del caso, cuando se nombra a Fernanda surge la duda que no deja cicatrizar esa herida. “Dicen una cosa, dicen otra, pero no se sabe. Está la duda de que la mató en seguida, otros dicen que la quemó en el horno, pero por alguien fue mandado, también de la trata de personas”, dijo la señora del cartel, quien supo acompañar a la madre de Fernanda, María Inés Cabrol, en el reclamo por la aparición de la chica. “Lo que sí te puedo decir es que la familia tiene la esperanza de que aparezca con vida”, contó otra mujer.

También al nombrarla, quienes vivieron de cerca la desaparición de Fernanda recuerdan en voz alta qué estaban haciendo en ese momento, como si buscaran algún dato en la memoria que devele el misterio. “Ese día mi hijo se había acostado y quería agarrar la moto, lo que es el destino, iban a agarrar para allá con mi sobrino, pero al final no fueron. Y la ve que pasaba ella para allá. Eran las dos y media y jugaba Argentina, hacía frío y estaban todos encerrados. Mi marido estaba afuera haciendo pescado frito, y ve que pasa la nena y jugaba con el perrito. Nosotros nos enteramos al otro día. Mi hijo me dijo ‘Ma, ¿viste lo que pasó? La secuestraron a Fernanda’. Cuando María Inés cerró la florería ahí se enteró, ‘¿y Fernanda? Fue a buscar unos claveles y no vino más’. Cuando llegaron a la casa los llamaron por teléfono. Cuando me enteré al otro día temprano fui a la casa y ya estaba el revuelo”, recordó una vecina.

Una chica que aquel día tenía 8 años, también la vio caminar por calle Yrigoyen. “Yo la crucé, salí de mi casa y ella iba a la florería con una campera marrón. Me saludó y esa fue la ultima vez que la vi. Lo sospechoso es que nunca en la vida habíamos visto un auto escarabajo polarizado”, recordó.

Algunos sostienen que la vida en San Benito cambió desde aquel 25 de julio de 2004; otros que todo siguió igual. “Los chicos siguen jugando en la calle como antes. Si no salen es porque ahora tienen la computadora”, dijo una joven. Por el contrario, una mujer que supo estar codo a codo con María Inés Cabrol en la búsqueda, y sabe del dolor que sintió, reconoce “hay tiene más temor con los chicos”, en cuanto a dejarlos solos en las calles. “Yo no quiero sentir la culpa que sentía la mamá de Fernanda, de porqué ese día no la acompañó”, dijo.

Ayer se realizó en San Benito un “congreso sobre las violencias” organizado por la Fundación Queremos Ayudar, en el Instituto San Benito Abad, donde reflexionaron sobre la desaparición de Fernanda.

Una muerte, una condena y varias pistas sin asidero

La investigación pudo determinar que en horas de la siesta de aquel domingo Miguel Ángel Lencina, junto a su sobrino de 14 años, secuestró a Fernanda en una calle de San Benito, cerca del cementerio local. Este hombre fue detenido y luego apareció ahorcado en una celda de la comisaría quinta de Paraná, en un confuso y oscuro hecho que terminó caratulado según la Justicia como suicidio. La esposa de Lencina, Mirta Cháves, fue condenada a 17 años de prisión en diciembre de 2007 por el delito de Secuestro extorsivo de una menor. Se comprobó que ella hizo la llamada para pedirle dinero a la familia para devolverle a la nena. El otro juzgado por el Tribunal de la Sala I de la Cámara del Crimen fue Raúl Monzón, finalmente absuelto. De este modo quedó el caso cerrado. Luego hubo varias pistas que surgieron sobre el paradero de Fernanda, como las recientes sobre una presunta captación por parte de una red de trata de personas con fines de explotación sexual. Pero ninguna llevó a la verdad.

La madre de Fernanda nunca dejó de sospechar que su hija había sido entregada a una red de prostitución. Por el contrario, los jueces del tribunal que juzgó a los acusados (José María Chemes, Hugo Perotti y Ricardo González) afirmaron que esta hipótesis “ha perdido asidero casi por completo (…) toda vez que ninguno de los datos aportados al respecto han sido corroborados mínimamente”. Y sostuvieron en la sentencia que “las notas y esquelas con pedidos de auxilio encontradas en distintos lugares del país no pertenecen al patrimonio escritural de Fernanda Aguirre, siendo probablemente burdas imitaciones ‘plantadas’ o hasta bromas de mal gusto”.

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