Caso de Trata: “Está implicado el hijo del gobernador, el senador y el del Copnaf”

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Lo denunció la madre de la menor rescatada de manos de Gustavo Alfonso, al brindar su testimonio ante Martha Pelloni, durante el Congreso sobre Trata en Concordia. La actuación del Fiscal Mautone, en la mira.t0615d2ce3cfd0d89b4944b998db1689e87cbbea4Momentos de extrema tensión se vivieron este viernes en el colmado salón de actos de la UNER en Concordia, durante la realización del “Congreso Binacional de Sensibilización y Fortalecimiento Institucional frente a la Trata, Tráfico, Violencia de Género, Abuso, Explotación Sexual de niños/as y adolescentes”.

Sobre el mediodía, luego de explicar las características del grave problema social de la trata de personas, la religiosa Martha Pelloni invitó a pasar al escenario a una mamá, que había solicitado contar la experiencia vivida con su hija, a quien pudo rescatar de manos del locutor Gustavo Alfonso, hoy en prisión preventiva, a la espera del juicio.

Si bien el caso es conocido, ya que Cristina Escobar lo denunció en su momento en los medios, el descarnado relato, esta vez de cara al público, resultó conmovedor. En varios momentos, la voz se le quebró.

Ante la escucha atenta de los asistentes al Congreso y, en especial, de Martha Pelloni, esta madre no se calló nada, e insistió que en el caso de trata que la tiene como víctima a su hija Sofía “están implicados el hijo del gobernador, el Senador y el jefe del Copnaf”.

Reveló también que el Fiscal Mario Mautone intentó convencerla de que no siguiera adelante con la denuncia, apelando a frases como estas: “Su hija nombra a personas muy poderosas acá en Concordia, está el hijo del gobernador, el Senador y el jefe del Copnaf donde ella está internada”. “¿No se da cuenta contra quiénes está queriendo luchar?”. “Señora, desde ya le digo que esto no se va a encaminar”. “Aparte, su hija tiene 16 años, esto no es nada creíble” y “Está el efecto de las drogas”…

La desgrabación completa del testimonio

Yo soy Cristina Escobar, mamá de Sofía.

Mi hija salía a bailar al boliche los fines de semana. Por la rebeldía propia de la edad, se quedaba en casa de las amigas y el domingo a las 6 de la mañana, si veía que ella no regresaba, empezaba a averiguar dónde estaba y la encontraba en casa de las amigas.

Ese fin de semana no aparece. El domingo a la mañana entro en el face, investigo con las compañeras de ella y veo que nadie sabía dónde estaba. Empiezo a averiguar, averiguar, y me dicen que no sabían.

Una madre que investiga

Pero ella me había comentado que yendo al boliche había conocido a un señor, de apellido Alfonso, cuyo sobrenombre es “Pelado”, y que le habían ofrecido para ser promotora del boliche, para vender anticipadas. Entonces yo le digo ‘Sofi, tené cuidado, porque yo no quiero que trabajes en eso’, porque ella tiene un bebé de un año y seis meses que ahora está a cargo mío. Tenemos necesidades. Yo estoy separada. Pero le digo ‘Sofi, ya vamos a tener para el bebé, la leche, el pañal’. ‘Y sí mamá, pero yo te quiero ayudar con el bebé, con la ropa’, me contesta. ‘Pero yo no quiero que te metas en eso’, le insisto.

Pasó. Yo empiezo a investigar, investigar, y me decían que no me meta a buscar a mi hija porque estaba en un lugar muy pesado. Yo les decía que a mí no me interesaba dónde esté, que tenía que rescatarla. Pasó una semana y yo me desesperaba. De noche no podía dormir.

Investigo, investigo, hasta que llega una persona y me dice ‘yo sé que vos estás buscando a tu hija. Es muy feo adonde vos te vas a meter. ¿Vos estás dispuesta?’. ‘Es mi hija, yo necesito buscarla’, le dije. ‘¿A dónde te puedo ubicar?’, me pregunta. Le digo ‘en mi trabajo (soy ordenanza en una escuela), en la parada de colectivo donde lo tomo todos los días, o en mi casa’. ‘¿Dónde tomás el colectivo?’, pregunta. ‘En tal y tal lugar’, le dije.

Yo pensé que nunca más sabría de esta persona. Pasan dos días, tres días, tomo el colectivo y viene una persona y me dice ‘¿Vos sos Cristina Escobar? Tengo los datos para tu hija. Pero ya movete. Te quedan dos días. A tu hija te la matan o te la venden’. Cuando me dijo así, yo era capaz de subir al colectivo y manejarlo yo, por la desesperación de llegar a mi casa, a avisarle a mi ex marido.

El operativo rescate

Lo llamo a mi hermano mayor que es remisero y le pido por favor que venga a buscarme, que yo necesitaba ir a la Comisaría del Menor. Mientras íbamos, le explicaba todo. ‘Esperá, no te vas a ir sola’, me dice mi hermano. ‘Yo me juego sola, como mamá’, le contesto. Pero yo pensaba que no sabía en qué situación la iba a encontrar y que tal vez me mataban a mi hermano, a mi hija.

Llego a la Comisaría del Menor y les digo ‘vengo a rescatar mi hija que está en la trata de personas, pero necesito por favor que me acompañen, porque sola no voy a ir’. ‘Señora, ¿usted sabe dónde está?’, me pregunta el policía. ‘Yo lo único que sé, le explico, es que al tomar el colectivo, una persona se me arrimó y me dijo que mi hija está en tal y tal calle. ¿Ustedes me podrán acompañar?’. Me contesta que sí, que tenía que hacer una denuncia. Yo le pregunto qué pasaría si íbamos a buscarla y no me la querían dar. Le pido que me explique a dónde tenía que dirigirme. ‘Espere que voy a averiguar’, me dice. Va y llama a un juez de guardia y me cuenta que ese juez le había dicho que fuéramos a buscarla y, si no me daban mi hija, él mandaría una orden de allanamiento.

Subimos al patrullero y nos vamos. Le digo que yo lo único que sabía es que mi hija estaba en Tavella al fondo, que había que doblar y en la otra curva, que viene a ser la de Gilardoni -me había dicho ese hombre-, íbamos a ver la Hostería San Gabriel. A 100 metros hay unos departamentos y que allí tenían a mi hija.

Llegamos ahí y era tal cual como me lo había dicho la persona esa. Había un Bora blanco y una motocross roja. Yo les digo al oficial y a la mujer policía que iban conmigo, que no quería bajar del auto. ‘Porque yo no sé qué actitud puede tomar este hombre hacia mí’, les digo. ‘¿Me puedo quedar acá detrás de los vidrios polarizados para que él no me conozca?’. ‘Sí señora, tiene razón, quédese por seguridad’.

Toca el portero eléctrico el policía, sale el hombre. Cuando lo veo -porque el instinto de madre es algo inexplicable- a mí me pegó en el pecho algo, yo lo vi como un monstruo. El oficial le dice que estaba buscando a una menor, Sofía Siandra. ‘Sí, está aquí’, contesta. Yo pensé ‘gracias a Dios que mi hija está viva’. Vuelve, cierra la puerta, no tardó ni dos segundos, abre la puerta, sale él y ella venía detrás de él. Cuando veo a mi hija, la veo teñida, el semblante totalmente horrible, las ojeras todas negras, así (señala alrededor de sus ojos), de un tono marrón oscuro, por efecto de las drogas. Con un pantaloncito. Tenía, de la ingle hasta la rodilla, todo negro, un hematoma. Tengo fotos. Era un hematoma negro, negro, bien como un huevo, con algo redondo, amarillo.

El oficial le pregunta por qué tenía a una menor. ‘Es mi empleada doméstica y yo le pago 100 pesos por día’, le dice. Mi hija gira y lo mira a él como reprochándole ‘qué estás diciendo’. Me doy cuenta que él estaba mintiendo. El oficial le dice que firme la notificación de que la menor estaba ahí. Firma y mi hija sube al auto. No sabía que yo estaba en el auto. Mi hija me mira, yo la miro, no le dije ni hola, nada, porque a mí me pareció que era lo correcto, porque uno no sabe cómo debe tratar a una persona en un momento así, si me quería como madre o no me quería. Por eso preferí el silencio.

Comisaría del menor y el Copnaf

Nos vamos hasta la comisaría del menor. Para eso ya estaba esperando una psicóloga de la comisaría y le dice ‘Sofía, ¿qué te pasó?’. Entonces ella se larga a llorar, con un llanto desgarrador, que yo no les puedo explicar. Se larga a llorar, a llorar, a llorar, y no podía hablar. Entonces me corro y le digo ‘Sofi, acá está mamá. Por favor, contanos todo lo que te pasó. Mamá está acá, te va a ayudar, te va a cuidar y nadie te va a hacer más nada’. Entonces se larga a llorar sobre mí y dice ‘me tenía encerrada, secuestrada, me drogaba y me pegaba’. Empieza a hablar, a contar. Le levantamos la remera y en toda una parte tenía hematomas, la parte de la cola, más el hematoma de la pierna, que fue producto de un día en que ella se quiso escapar y que el hombre este la atropella con la motocross, a ella y a otra chica.

La llevan al hospital a control médico y la revisan. Eran las 2 de la tarde cuando yo voy a rescatarla. A las 5 vuelve ella del hospital, donde supuestamente le habían hecho toda la revisación. Ahí ya estaba la psicóloga del Copnaf. Vienen dos psicólogas y la entrevistan a ella en privado. Vuelven y me dicen ‘su hija acaba de contar cosas, ¿usted sabe?’. Les contesto que yo había ido a rescatar a mi hija, la atendimos y de ahí la llevaron al hospital, recién vuelve y ustedes le toman declaración. Yo no sé nada qué pasó. Me acerco y le digo ‘Sofi, ¿qué pasó?’. Y me dice ‘Mamá, pasó esto y esto y esto y esto’, y yo dije ‘¡por favor!’.

‘Ahora ella tiene amenaza de muerte, ella, usted y el bebé’, me dicen las psicólogas. Entonces yo les pregunto qué podía hacer. Me contestan que llevarían a Sofía al Copnaf por seguridad, ‘porque usted no la puede llevar a su casa’. ‘No -les digo-, yo la quiero en mi casa’. Me explican que debía dejarla en el Copnaf porque ella es menor y corría riesgo su vida.

Ella se va al Copnaf y yo llamo a mi hermano y le digo ‘esto no va a quedar así’. Me dicen en la policía ‘usted tiene que firmar la denuncia, porque si no queda como cómplice’. ‘¿Cómplice de qué -le digo-, si yo fui a rescatar a mi hija, si yo no sé nada de lo que está pasando acá’. Firmo todo y después me dirijo al fiscal de turno. ‘Vaya al fiscal -me dicen- y cuéntele todo lo que hizo y lo que su hija acaba de contar’.

La actuación del fiscal Mario Mautone

Me voy a fiscalía, se hizo las 10 de la noche. El policía de guardia no me quería dejar pasar. Me dice que no estaba el fiscal y yo le digo que cómo no va haber uno, que debía ser igual que en el hospital donde hay médico de guardia. En eso bajaba el fiscal, que le habían avisado que yo iba, y le dice al policía que me dejara pasar.

El fiscal me escucha. Me dice ‘venga mañana a las 8 de la mañana que el fiscal Mautone, que está de guardia, la va a escuchar’. Yo esa noche no dormí. No puedo explicar los nervios, el cansancio. Un montón de cosas que se te juntan. Me desperté temprano y a las 8 estuve al otro día. El fiscal no me puede atender porque justo ese día ocurre un homicidio y estaba muy ocupado. Me dicen que vuelva una hora más tarde.

Les dije que a las 12,30 iba a ir. Pero yo ahí pensé que estaban preparando algo. Me voy a casa de mi mamá, me tomo un té, me voy a ver a mi hija al Copnaf y me dicen que no estaba ahí. ‘¿Pero cómo la llevaron si es menor de edad y no la pueden mover sin mi autorización?’, les digo. La llevaron a hacer una cámara Gesell, me dicen. Pregunté qué era eso y me dicen que ella contaría todo ante dos o tres psicólogos.

Me quedo en el Copnaf esperando y aparece mi hija que me cuenta que le habían hecho la Cámara Gesell. ‘Yo conté todo mami, conté todo, todo. Vos no sabés nada’, me dice. Son las 12 y media y me voy. Antes le pido que se cuide y que no hable más con nadie.

En fiscalía me atiende el Doctor Mautone y me dice ‘Buen día señora, ¿usted está segura lo que está por hacer?’ ‘¿Por hacer qué? -le digo-. Yo vengo acá a que me tome la declaración, porque vine anoche y no me la tomaron, vine hoy a las 8 de la mañana y usted no me podía atender, entonces vengo ahora para que sepa lo que le pasó a mi hija’.

El fiscal me dice que le habían hecho la Cámara Gesell a las 10 de la mañana y yo le digo que me acababa de enterar porque venía del Copnaf. ‘¿Por qué le hizo eso sin autorización mía?’, le pregunté. ‘A nosotros nos corresponde’ me dice.

‘Yo estuve escuchando la Cámara Gesell, pero ella no sabe que la escuché’, me dice Mautone. Y agrega ‘Su hija nombra a personas muy poderosas acá en Concordia, está el hijo del gobernador, el Senador y el jefe del Copnaf donde ella está internada’. Entonces yo le pregunto ‘¿Qué me quiere decir con eso?’ ‘Señora, no se da cuenta, contra quiénes está queriendo luchar’, me dice. ‘Yo no estoy queriendo luchar contra nadie’, le aclaro, y en segundo lugar yo quiero que este hombre pague por las condiciones en que me entrega a mi hija, y si hay alguien culpable, la justicia sabrá. Entonces me dice ‘Pero señora, desde ya le digo que esto no se va a encaminar’. ‘¡Pero cómo usted que es fiscal me viene a decir eso!’. ‘Aparte -me dice- su hija tiene 16 años, esto no es nada creíble’. ‘Pero fiscal, cómo Usted me va a decir una barbaridad, usted me está diciendo que a mi hija nada se le cree’. ‘Aparte está el efecto de las drogas’, agrega. ‘Ajá -le contesto-, ¿por qué tiene el efecto de las drogas?, ¿quién le proveyó esos 20 días, los golpes, las palizas, lo que ella contó de las drogas, quién le dio eso?’, le digo. Terminamos casi discutiendo.

Denuncia ante Policía Federal

Salgo de ahí y voy y hablo con mi madre y ella me recomienda que vaya a la Federal y haga la denuncia porque quizá ahí me ayudarían más. Para eso eran como las 2 de la tarde y me dirijo a la Federal. Cuando llego, tardó una hora en venir la orden del Juzgado Federal de Concepción del Uruguay. A mi hija la trasladan del Copnaf, porque tuve que estar yo presente, al hospital, le hacen toda la revisación médica, la medicaron contra todas las enfermedades venéreas, le dieron una medicación de 30 y pico de días. Eso nos llevó hasta las 12 de la noche de ese día. Empezó la investigación, y bueno, que está implicado el hijo del gobernador, el Senador y el del Copnaf.

El apriete

Al segundo día yo tengo intimidaciones en la puerta de mi casa, de una persona de mucho poder, que es de Federación, porque acá en esto están implicados intendentes… porque yo les tengo que decir la verdad de lo que yo escuché de mi hija, porque yo no estuve ahí. Yo sé que mi vida está en riesgo continuamente. Me dicen que voy a terminar como el caso Nisman. Yo no quiero eso, quiero luchar por lo que le hicieron a mi hija… Esto es toda una red, gente de mucha plata, mucho poder, te puedo nombrar Puerto Yeruá, La Criolla, un montón de lugares, la mayoría son intendentes, hay mucha gente involucrada en esto. Está todo en la causa, en el expediente está todo eso.

Los autos llegan a la puerta de mi casa. Autos muy lujosos, con vidrios bien polarizados, que usted no puede ver nada. Llegaban hasta el portón de mi casa, bajaban los vidrios hasta la mitad, te intimidan y se van. Y si no, una moto que a las dos o tres de la mañana va y viene hasta la esquina de mi casa, va y viene.

Podría seguir contando cosas que me he enterado y cada día me entero más. Pero logré, gracias a Dios, que este hombre esté con prisión preventiva. Más allá de que muchos dicen que está en libertad, no está en libertad. Está en la parte penal de la Federal, acá en Concordia, y tiene prisión preventiva hasta que salga el juicio. Y el juicio sale a fin de año. ¿Por qué? Por la campaña política.

Martha Pelloni: “En Concordia tienen una trata muy pesada”  

Tras un sostenido aplauso, Martha Pelloni expresó su gratitud a Cristina Escobar: “Gracias por su valentía, gracias por tu lucha, gracias a que sos mujer y podés hablar y luchar”, le dijo.

Enseguida, extrajo una primera conclusión: “Lamentablemente, tengo que decirles -recién llegada aquí- que en Concordia ustedes tienen una trata muy pesada, muy pesada. El colectivo tiene que empezar a funcionar ya mismo, a partir de mañana. Es urgente. Porque esta pobre mujer sola, golpeando puertas, es muy bravo. Además, hay que ser expeditivo. Esto no puede ir un año de reclamo, de lucha, de patear puertas. Además, yo les aseguro, les vuelvo a decir, que cuando las organizaciones pesan… Todo esto tiene que salir a la luz, la sociedad tiene que conocerlo”. (Elentreríos.com)

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