Breve reflexión por el Día del Orgullo

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  • Por Exequiel Gilez (*)

El discurso sexual, las identidades y el progresismo en torno al sexo, cuerpos y géneros ha sido tema de debate desde hace más de medio siglo. Al momento presente, se ha logrado mucho en materia civil, social y cultural, pero aún así, queda mucho por lograr.

Dentro de los marcos que componen la sociedad, cada individuo es un cuerpo integrado por símbolos, reglas, privilegios y castigos que aprende a lo largo de su crecimiento. Pero también piensa y siente de una manera que no muchas veces es aceptado y comprendido por el sistema en el que nace. En otras palabras, cabe mencionar que existe un grupo minoritario de personas que se encuentran o se sienten esclavizadas en un sistema que castiga la diferencia.

Determinados acontecimientos históricos han justificado la importancia y la emergencia de hablar sobre esta problemática y, de este modo, exponerlo en la agenda social.

Hoy, 28 de Junio de 2020 es un año más en el que se conmemora aquel acontecimiento por el que tuvo origen el Día del Orgullo. Me refiero a los hechos que tuvieron lugar en un bar gay de nombre “The Stonewell Inn”, ubicado en Greenwich Village, perteneciente al Estado de Nueva York.

En el año 1969, los actos homosexuales eran ilegales en todos los estados excepto en Illinois. Y aquél verano, en la noche del 28 de junio, la policía de la ciudad neoyorkina hizo una redada suprimiendo a varias personas que se encontraban allí, dentro del antedicho bar.

A raíz de este suceso se encendió una llama que, al día de hoy, no se ha debilitado. Muy por el contrario, con el tiempo ha crecido y desembocado en marchas y manifestaciones, que cada año suman individuos que se sienten interpelados, quizá, por el espíritu de lucha que allí se enmarca.

Sin embargo no es todo oscuro y sombrío. Pues, a la luz de distintos logros, el 17 de mayo de 1990, la Organización Mundial de la Salud (OMS) dejó de catalogar a la homosexualidad como patología y la eliminó de la lista de enfermedades mentales. Bajo esta premisa el 17 de mayo se celebra el “Día Internacional contra la Homofobia, la Bifobia y la Transfobia”. Esto es un hito que repercutió e hizo que resplandecieran las esperanzas para un futuro renovador y cargado de igualdad. Significando, de este modo, un gran paso para el progreso y la concientización social, garantizando el respeto por el otro y la libertad de estar con quien uno se sienta a gusto, sin prejuicios ni discriminación.
A partir de estos hechos, culturalmente se ha establecido en la agenda global que junio sea el “Mes del Orgullo”.

Aún así todavía no es unánime la cantidad de países que admiten la homosexualidad. Y de hecho, hay quienes la castigan con pena de muerte. Pero bueno, es uno de los motivos por el cual la tensión cultural y la lucha continuarán.

Por otro lado, en Naciones donde se encuentra legalizado, por ejemplo el matrimonio igualitario y admiten las distintas orientaciones sexuales (a pesar que la lucha cultural prosiga), se hacen los intentos para concientizar y educar a la población mediante campañas y marchas que apelan a quienes se sientan representados o, de alguna manera, identificados. Al fin y al cabo el objetivo que se persigue, es visibilizar las identidades y dejar asentado que existe más de una orientación sexual, aparte de la heterosexual.

En cuanto al consumo cultural, se puede enmarcar otra victoria.
El cine, la televisión, las plataformas de streaming, incluso obras literarias y la industria musical se hicieron eco de esta lucha y se han expresado desde la posición en la que se encuentran.

En el medio audiovisual, “Plegarias a Bobby” (Prayers for Bobby, 2009) fue un film que repercutió en la vida social y los distintos escenarios religiosos. En tanto bandas como Village People, con su tema “YMCA” (1978), ha sentado los antecedentes para la crítica a la religión. Sin mencionar otros exponentes como Queen o, la reina del pop, Maddona, que también realizaron aportes e influyeron. Y, por si no lo sabían, YMCA hace referencia a “Young Men’s Christian Association”. Ustedes sacaran sus propias conclusiones.

Sin hacer más extenso este escrito, como reflexión final quiero dejar asentado dos cuestiones:
Por un lado, se puede decir que la homosexualidad, al igual que la heterosexualidad permite relacionarnos afectiva y sentimentalmente con distintas personas.
Un hombre o una mujer puede sentir afecto y buscar compañía en un ser que apoye, sume y sea incondicional, sin importar el sexo. Sentir atracción afectiva, erótica o sexual por un hombre, o una mujer no debería ser excusa para catalogarnos. Y, de hecho, ser gay, lesbiana o heterosexual deberían dejar de ser adjetivos calificativos porque no hacen más que fomentar conceptualizaciones basadas en prejuicios.

Y por otro lado, muchas veces estos prejuicios fundados, se encuentran codificados en una determinada enseñanza. Y en este punto no resulta necesario buscar “culpables”, o juzgar a nuestros padres o abuelos. Sino ser prudente y empático frente a la historia de esa persona y distinguir los matices socioculturales que lo llevaron a pensar de tal forma.

En definitiva, hay que escuchar para ser escuchados y respetar las libertades del otro como respetan a uno mismo. #Loveislove

(*) Estudiante avanzado de Comunicación Social FCEdu UNER 

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