El cierre de las escuelas por la pandemia del coronavirus hace que los chicos deban arreglarse para enviar sus tareas a los docentes en este tiempo de distanciamiento, aunque no todas las situaciones son iguales y hay quienes deben esforzarse aún más. Un niño de 7 años llamado Jeremías Gonzales Ordienco es un fiel reflejo del sacrificio que puede llegar a hacer un alumno en seguir aprendiendo.

Jeremías vive en medio del campo, a 30 kilómetros de la ciudad pampeana de Santa Isabel, y asiste a la escuela hogar N° 99 de esa localidad, hoy cerrada por la pandemia. Al no disponer de conectividad de internet, el chico debe subirse a su caballo, al que bautizó “Peludo”, y andar en él hasta llegar a una loma en medio de la llanura, en donde consigue señal de celular para enviarle la tarea a su maestra.

“Acá estoy, seño, desde la loma”, le dice Jeremías a Sonia, una mujer con 27 años de actividad docente como profesora de Música y que desde este año es docente de primaria. “Envía videos contando qué hace y leyendo canciones. También envía saludos a sus compañeros y nos hizo conocer hace un mes atrás su mascota preferida, Peludo, su caballo”, cuenta Sonia al portal Diario Textual de La Pampa.

En los videos se lo puede ver a Jeremías cantando una canción para la escuela arriba de su caballo y luego sobre la tierra dando vueltas en el suelo, no sin antes saludar a su maestra, con quien no quiere dejar de cumplir con sus obligaciones, a pesar del esfuerzo que debe hacer.

Tiene 15 años y cruza el río todos los días para buscar tareas y comida

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